En este sentido, creemos que la huerta urbana tiene mucho que ver con la memoria colectiva. A pesar de los avances en infraestructuras y servicios en el barrio, como supermercados o tiendas, gran parte de los vecinos abogan por conservar costumbres como esta explotación agraria, para consumo eminentemente familiar como las reducidas dimensiones de la huerta permiten. Además, debemos tener en cuenta que, en la época más rural y agropecuaria de Santa Marta, el consumo de este tipo de productos frescos se reducía a la explotación de los campos de cultivo, que dependían totalmente de las temporadas de siembra y recogida. Así, a pesar de que hoy en día podemos acceder a múltiples alimentos independientemente de sí son o no de temporada a través de las cadenas de supermercados, podemos concluir que los vecinos del barrio siguen consumiendo en gran parte los productos de temporada que produce la tierra, (bien como solución económica o saludable, bien como conservación de las costumbres antiguas. Es posible que no sólo se trate de un ejemplo de revitalización de la memoria colectiva y social, sino también de una estrategia de difusión de costumbres saludables y acercamiento de este tipo de prácticas a jóvenes y nuevos integrantes del barrio.
Por otra parte, y en relación con esto, podemos decir que socialmente Santa Marta se divide en dos grupos -nuevos habitantes de Santa Marta como un barrio-dormitorio o “vip”, y antiguos vecinos que todavía viven en el barrio- con identidades colectivas diferenciadas. Parece evidente, además, que uno de estos grupos comienza a sobreponerse sobre el más antiguo (que conserva una memoria colectiva muy cohesionada), creando una identidad de barrio nueva y muy distinta.
Así, hemos visto la importancia que la memoria colectiva y social tiene en la creación del paisaje y lo grandes portadores de información que pueden ser los elementos materiales y muebles que permanecen en el tiempo, así como los que precisamente se pierden, creando uno u otro paisaje. Todos estos elementos tienen en común pertenecer a un tipo de memoria del barrio o participar de ella de algún modo, y gracias a ellos y a la participación de los vecinos podemos intentar reconstruir un pasado no tan lejano, pero sí enormemente transformado. El factor urbanístico y su vertiginosa velocidad arrasan de forma muy evidente con el paisaje anterior, y como hemos visto, mucho tiene que ver en esto la concepción del espacio y la memoria histórica, así como la colectiva y social de los habitantes que asisten desde sus casas a este proceso.
Por ello, hemos llevado a cabo un repaso por el paisaje y sus temporalidades a través de los elementos materializados en el entorno actual. Comenzando por un petroglifo, cuya existencia y ubicación es conocida para los vecinos, y que, a pesar de formar parte de la memoria histórica, no cabe ya en la memoria colectiva de este grupo concreto. Acabando con una huerta urbana, que supone la intromisión de un elemento muy relacionado con un pasado rural -que sí pertenece a esta memoria colectiva e identidad de grupo- en un entorno totalmente actual, urbanizado y cambiado.

