La Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, fue construida a finales del siglo XVIII, concretamente en el año 1780, y concluida en el 1788, habiendo fuentes que sitúan una iglesia anterior, en el centro de la población renacentista, desde el siglo XVI.
Así pues, nos encontramos ante uno de los emblemas eclesiásticos más importantes de la zona de la Vega Baja, dependiente del Obispado de Orihuela antiguamente y; producto del Barroco levantino, que muestra una estructura arquitectónica compleja, evidenciada en su planta jesuítica.
La planta jesuítica, se formula mediante una nave central con capillas laterales comunicadas entre sí, a través de pequeños arcos; contiene un coro a sus pies y una cúpula central en el crucero, realizada por Fray Antón Villanueva. Observamos una segunda nave, posteriormente construida, para albergar la Capilla de la Virgen del Rosario, que se compone de una planta de cruz latina.
Su fachada, se muestra austera y sin decoración incisa ya que, todo indicio, fue destruido debido al terrible acontecimiento sucedido en el año 1829: un terremoto, que asoló toda la Vega Baja, llegando incluso hasta el Baix Vinalopó. Su fachada se constituirá mediante la concentración de la decoración en la portada o puerta principal, al estilo de las iglesias de la zona del levante y Valencia.
La torre, es de tipo campanario, de planta rectangular y tres cuerpos, situado en un lateral de la fachada principal de la iglesia. El primero de los cuerpos se divide en dos tramos con escalera de caracol o castellana y las esquinas cuentan con una decoración de ladrillo. El segundo cuerpo dispone de cuatro aperturas para las campanas. Y el tercer cuerpo, presenta dos tramos con decoración de pináculos en su parte superior rematándolo. El primero tiene cuatro aperturas con arcos de medio punto y estribos diagonales y el segundo, presenta un óvalo por cada lado y está rematado por una cubierta a cuatro aguas y cruz con veleta.
La Iglesia asemeja la entrada a un mundo diferente, a un mundo celestial, lleno de color y de piedras preciosas a semejanza de la Jerusalén celestial descrita por San Juan en el Apocalipsis.
Su interior es amplio, lujoso en piedras que imitan el mármol jaspeado y veteado de color tenue y pálido de estilo neo- barroco. El coro mayor se alza sobre los pies de la Iglesia dando paso a una continuación visual del interior, mediante un ritmo de bóvedas de medio cañón, columnas, pilares de orden compuesto o clásico y la gran cúpula, terminando en el altar mayor dedicado a la figura de San Pedro Apóstol.
El altar mayor simula un orden clásico, compuesto por frisos de diferentes formas, acompañados de elementos decorativos procedentes del arte barroco que, a su vez, proceden de la antigüedad clásica griega y romana; se trata del llamado retablo- fachada. Éste, se divide por calles y cuerpos que contienen las figuras principales: San Pedro en el nicho principal y la Virgen de Fátima en el cuerpo superior central.
El resto de los retablos que componen el interior de la Iglesia están formulados de la misma manera arquitectónica y escultórica, destacando en el lado del evangelio, la Capilla dedicada a la patrona de Rojales: la Virgen del Rosario, figura aparecida en el año 1936, a la cual, se le atribuyen algunos milagros y otros sucesos inexplicables.
En conjunto, se trata de un monumento donde conviven la fe y a las tradiciones religiosas del municipio que desde su fundación, ha sido el centro de la vida de los habitantes de la villa y que aún en la actualidad, preserva un legado digno de admiración.



